La hoja de coca fue un regalo divino de los dioses (especialmente del Dios Sol, Inti) a los pueblos andinos para ayudarles a soportar el sufrimiento tras la conquista y las duras condiciones de la montaña.
Tras la llegada de los conquistadores, el pueblo indígena estaba agotado, hambriento y desesperado por la pérdida de sus tierras y su libertad.
Un sabio sacerdote recibió la instrucción de los dioses de recoger unas hojas verdes que crecían en las laderas. Al masticarlas, los indígenas descubrieron que su cansancio desaparecía, el hambre se olvidaba y sus penas se calmaban.
Para el indígena: Sería un sustento sagrado, medicina y fuerza para el trabajo.
Para el invasor: Si el hombre blanco la usaba con fines de ambición o vicio, la planta se convertiría en un "veneno" que causaría locura y destrucción (una profecía que muchos asocian con el origen de la cocaína).